Sin darse cuenta se convirtió en una señora a temprana edad. Ignoró todas las señales

Sin darse cuenta se convirtió en una señora a temprana edad. Ignoró todas las señales
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Probablemente la conoces, es posible que incluso ella seas tú. Es una chica que de chica ya no tiene mucho, es algo así como una adulta, pero que se saltó una gran etapa de su vida para convertirse en una verdadera señora. Así que comencemos, porque esta es una historia de la que podemos aprender mucho.

Tenía 24 años cuando terminó de estudiar, rápidamente encontró trabajo y se hizo cargo de su vida como la mujer independiente que siempre soñó ser.

Manejando su propio dinero, controlando sus horarios y haciendo lo que se le daba la regalada gana, esta pobre ilusa creía estar comenzando la mejor etapa de su vida. Sin embargo, este fue el momento en el que todo se fue a la $%@#!* y su transformación en la persona que realmente estaba destinada a ser comenzó, así como también las primeras señales.

Primero, el cansancio que llevaba a casa después de la jornada laboral la hizo considerar que quedarse en casa era mejor que salir.

Por eso encontró refugio en las series, que con una que otra recomendación terminaron siendo telenovelas que disfrutaba los viernes por la noche con una taza de té caliente, mientras sus amigas los daban LITERALMENTE todo al ritmo del reggaeton en la pista de baile más cercana. Ella solo se enteraba de lo que hacían cuando revisaba sus redes sociales antes de irse a dormir, a eso de las 10 de la noche. Los fines de semana los pasaba haciendo las compras con su bolsa de tela, despertando temprano para hacer el aseo de la casa acompañada de Chayanne, Marco Antonio Solís y Luis Miguel.

¿Pero qué tenía de malo todo esto? ¡Pues nada! Era una mujer responsable, madura, tomando el control de su vida después de años de locura, ¿no? Sí, claro.

Luego vino un crecimiento acelerado de la preocupación por las personas en su entorno más cercano, como un instinto maternal nunca antes visto.

Si sus amigas se iban de fiesta, ella se quedaba en casa, por lo que les rogaba que se abrigaran para que no se enfermaran, así como también que POR FAVOR avisaran apenas llegaran a sus casas (de lo contrario, no podía dormir). De todas formas, a veces salía con ellas, aunque se pasaba la noche recordándole a todos que es más barato disfrutar en casa y bostezando porque según ella ya no estaba para esas cosas. Ahora era una fanática de los tuppers, porque cuando recibía gente en casa, los despedía con comida en ellos y se enojaba si no se los devolvían.

Aún así, ignoraba lo que le estaba pasando.

A pesar de no ser mucha, la diferencia de edad con los adolescentes se hizo insoportablemente evidente.

De un día a otro, los mocosos de las escuelas comenzaron a referirse a ella como “usted” y “señora”, ¿pero la peor parte? Es que tenían todo el derecho a hacerlo, pues hablaban prácticamente en un idioma diferente al de ella, todo lo que hacían le parecía una falta de respeto, excepto cuando uno de los adolescentes de su familia le enseñó a usar Snapchat. Y ni siquiera hablemos de los niños, porque la única razón por la que se dirigía a ellos era para hacerlos callar.

Ante los ojos de todos, estaba más que claro: Esta chica se estaba convirtiendo en una señora. Pero para darse cuenta, eso no era suficiente.

En un giro clásicamente señora, sus costumbres reprochables que eran algo natural en ella… se hicieron aún más impetuosas.

Sea donde sea, si escuchaba que algo estaba pasando y valía la pena levantar el trasero para dárselas de curiosa, entonces ahí estaba asomándose escondida para enterarse de todo.

Se convirtió en la reina del chisme, no había matrimonio, infidelidad, separación, ni relación secreta de la que no estuviera al tanto, de hecho a estas alturas, sus vecinas prácticamente trabajaban para ella.

Su exageración alcanzó niveles jamás antes registrados, el solo hecho de ver a alguien con los pies sobre la cama le provocaba soltar un grito de “¡Dios mío!” con una mano al pecho incluida. Si le decían que estaba vieja, el desmayo era seguro.

Bailaba con los brazos pegados al cuerpo todo tipo de canciones, estaba acumulando bolsas de plástico dentro de otra bolsa de plástico sin un objetivo claro en mente y el más mínimo movimiento que requiriera esfuerzo era una excusa para quejarse de lo cansada que estaba.

Hasta aquí nada era seguro, es decir, siempre podría tratarse solo de una chica que estaba creciendo… pero este no era el caso.

Un día estaba con sus amigas y entre ellas destacaba una cara nueva, joven, la amiga de una amiga, ¡recién entrando a los 18! Estaba hablando acerca de sus experiencias, de cómo la vida era súper injusta porque no podía tomarse vacaciones y en un intento por educarla, nuestra querida amiga comienza su consejo diciendo:

Entonces lo supo, ya no había vuelta atrás. En ese momento se vio desde lejos con las piernas cruzadas, con su cartera bien afirmada (“por si acaso”) y el dinero que solo ella sabía que tenía guardado en el sostén. Era igual a su tía Marta, igual a la señora María de la esquina, igual a todas las señoras que había visto a la largo de su vida.

¿Cómo terminó su consejo? No tengo idea, pero desde ese día aceptó su condición de señora y ahora es la más fabulosa del barrio.

Así que ya lo saben, el Síndrome de la Señora a Temprana Edad (SSTE) es real y un gran error es ignorar las señales (pero especialemente decir en mis tiempos como si vivieras hace un siglo). Sin embargo, el error más grande todos es no aceptarlo y reconocerlo a tiempo, porque si llevas una señora en el alma… tarde o temprano, tu destino de señora se va a cumplir.

Y honestamente, mientras antes mejor, porque nadie disfruta más de la vida que las señoras a las que no les importa un carajo el mundo, ¿ya eres una de ellas?




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