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Michelle, la dama de hierro de una controvertida profesión en EEUU

Michelle, la dama de hierro de una controvertida profesión en EEUU
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Michelle Esquenazi echa hacia atrás los pelirrojos rizos de su caballera y, parada en sus tacones, grita en busca de su asistente. Esta madre de cuatro hijos, “con una maestría obtenida en las calles de Brooklyn” y ex-estudiante de derecho totalmente arruinada, se convirtió en pocos años en directora de una empresa muy especial que puede, dinero mediante, sacar a alguien de la cárcel y enviarlo nuevamente tras las rejas si no se porta como es debido.

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“Empire Bail Bonds” -así se llama su empresa- está basada en Hempstead, una pequeña ciudad de Long Island, a una hora de la ciudad de Nueva York, y es la mayor compañía de su tipo en este estado. La firma de Esquenazi forma parte de los alrededor de 15,000 “prestadores de fianzas”, que pagan alrededor de 14,000 millones de dólares al año para obtener la liberación de sus clientes en todo Estados Unidos, según indicó el centro de investigaciones Justice Policy Institute.

Se trata de una profesión sólo existente en Estados Unidos y en Filipinas a la que sus críticos reprochan que esté basada en quitarles dinero a las personas más modestas. Michelle Esquenazi asegura, en cambio, estar al servicio de la sociedad. “Hacemos lo que el gobierno no puede hacer por falta de medios” financieros, dice mientras bebe su café. “Y sin que al contribuyente le cueste un solo dólar”.

En Nueva York, toda persona detenida debe comparecer ante la justicia en las 24 horas siguientes a su arresto, durante una audiencia en la cual el juez establece generalmente una fianza. Los acusados pueden pagar al contado o suscribir un préstamo ante empresas como “Empire Bail Bonds”. Estas firmas se han convertido, de hecho, en la única vía que encuentran para poder ser liberados quienes disponen de poco dinero. Un préstamo para una fianza de 10.000 dólares vale 860 dólares. Si el acusado cumple con todas las obligaciones que le impone la justicia, la fianza le es devuelta aunque sea declarado culpable, señala Esquenazi.
Sus Esbirros

De ahí su interés en lograr que sus “clientes” tengan una conducta irreprochable. Si éstos violan las condiciones fijadas para su liberación, ella se encarga de que sus dos esbirros, Hollywood y M. T., los obliguen a volver a prisión. A Esquenazi le gusta mencionar a sus clientes más famosos, como Michael Mastromarino, un dentista que recuperaba oro y tejidos de cadáveres para venderlos en el mercado negro.

Mastromarino fue detenido en 2006, y un juez fijó en 1,5 millones de dólares la fianza para liberarlo. Michelle Esquenazi jamás había adelantado semejante suma. Una vez le envió unos pancitos frescos para recordarle los beneficios de estar libre, y otra un sándwich en mal estado para ilustrar los sinsabores que le depararía volver a la cárcel de Rikers Island. “Lo marcaba bien de cerca, no le tenía confianza. Sabía que podía huir y no quería que mi familia se arruinara”, dice la mujer.

Fue tanta la presión que Esquenazi ejerció sobre Mastromarino que éste prefirió pagarle 90.000 dólares y liberarse de su deuda. Otro de sus clientes, Jonathan Roth, fue detenido por haber ayudado a su padre a hacerse pasar por muerto para poder cobrar un seguro de vida. En 2013 huyó del estado de Ohio, violando las condiciones de su libertad bajo fianza.
Esquenazi le tendió una trampa y Roth fue reducido por sus esbirros y trasladado nuevamente a prisión en un vehículo de su empresa.

“Me costó mucho dinero, tenía que recuperarlo de cualquier manera”, dice al hablar de esta operación, que utilizó como publicidad para “Empire Bail Bonds”. Hollywood y M. T. — sus verdaderos nombres son James Carrion y Thomas Avila — dicen que contribuyen a preservar el orden público al seguir la pista de delincuentes que la policía no tiene tiempo de perseguir. Hollywood, de 46 años, recurre incluso a su mujer para engañar telefónicamente a sus blancos. A uno de ellos, su mujer le pagó un billete de avión hasta Nueva York, haciéndole creer que pasarían juntos un fin de semana maravilloso. Pero a quien el hombre encontró en la Gran Manzana no fue a la mujer, sino al marido.
Michelle Esquenazi no va a ningún lado sin sus guardaespaldas, aunque asegura que si se lo propone es capaz de quebrar una rótula o arrancar un ojo en un segundo. “Sería muy tonto que no fuera prudente”, dice. Afirma que la tasa de fugas de su empresa es de menos de 2% y que ha rehabilitado a varios de sus clientes. Algunos han terminado trabajando en “Empire Bail Fonds”.

|AFP




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